miércoles, 22 de marzo de 2017

Volveremos porque así lo sentimos




Luego de la dura derrota vivida ante Brown de Adrogué, ya con los ánimos más calmados y la esperanza depositada en el próximo encuentro frente a Guillermo Brown, te traemos un breve resumen del partido del sábado desde las tribunas del Gargantini. La Lepra juega el próximo viernes a las 21:30.
"Volveré siempre a verte, por amor y porque así lo siento…", reza el Pato Fontanet en una de sus letras, y así se van identificando las almas leprosas. Porque así es la Lepra, así es esta gente, que año tras año renueva su ilusión, abre sus cajones llenos de reliquias que comparten un mismo escudo y, como religión, se dirige a la esquina de Aristides y Bolougne Sur Mer. 

Allí está su cita, la más importante de la semana. Y el 2017 en casa arrancó así, con 32 puntos valiosos y con la ilusión de la repetir la campaña del 2016 e incluso mejorarla. Temprano por la mañana, ya se veía movimiento en el club, de a poco se iban acercando los últimos socios a pagar su cuota, los puestos de choris ya se ubicaban afuera, y algunas camisetas se paseaban por Arístides, haciendo tiempo hasta la hora del partido.

Después de tres meses de inactividad, volvía el carnaval con todos sus colores. Cuantas previas arrancaban, cuantas locos enamorados se levantaban de sus camas para entonar algún temita referido al Azul, que esa tarde volvía al escenario para alzar las voces de los maniáticos, de esos dementes que esperaron todo el verano para volver a casa, porque todos saben que no hay como jugar en la Catedral.

Solo algunos minutos separaban al público del inicio del espectáculo, trapos colgados, algún que otro agite para ir calentando la garganta en el parque San Martin y la banda llegando: ¡Son los Caudillos señor, son lo más loco que hay en Mendoza! Y esto también trajo con más fuerza el canto de los Caudillos en la Salvador Iudica, porque si hay algo que sabe un buen leproso, es que la gente desde las tribunas, también juega, y también puede ganar partidos.

Lamentablemente para una tarde gris – aunque el cielo dijera lo contrario – las cosas no pudieron salir mejor, y cada vez se complicaron más. Las respuestas no llegaron, y lo que parecía ser un encuentro para estirar el invicto en casa, terminó por convertirse en una pesadilla para los locales.
Entre aplausos y aliento se retiraron los jugadores a los vestuarios, y la gente se dispuso a volver a sus rutinas, pero con la promesa de volver el fin de semana que viene – próximo de local – porque si hay algo que también sabe un buen leproso, es que si estás en las buenas, no tenés excusas para no estar en las malas. Los tropezones no son caídas, y mirá si sabrá de esas cosas esta gente.

Uno pensará que como cualquier hincha dolido por un resultado, la vuelta a la vida cotidiana sería en silencio o recordando errores del partido, pero no, ahí estabaremos esos locos de amor nuevamente, reunidos a la salida de la cancha, entonando estrofas llenas de orgullo y aliento, con el pecho inflado por el sólo hecho de saber que son leprosos hasta en el ADN y que eso no lo cambia ningún rival, ningún resultado, nada ni nadie. Volveré siempre a verte...


Por Agostina Arrieta
Foto: Nicolás Ríos

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