sábado, 3 de septiembre de 2016

¿Qué es la vida sin una pasión?



“Gritar, llorar, reír, cantar, sufrir, sentir y soñar”. La vida se resume en esas simples y a la vez complejas palabras. Un texto de Julieta Payeres, para empezar la previa del juego de mañana ante All Boys en la Catedral. 

Así es la vida del hincha de Independiente Rivadavia. Como lo es seguramente la de cualquier hincha, pero creo profundamente que la vida de los fanáticos azules se encuentra entre la delgada línea del sufrir y el soñar. Del reír y el llorar.

Nunca fueron fáciles las cosas para este club. Nunca nos llovió nada del cielo. Se lucha, y se lucha mucho. Pero sobre todas las cosas, los que más la luchamos somos nosotros, los hinchas.

Luchamos desde las tribunas, alentando, mandándoles fuerza y garra a los jugadores. Aplaudimos y sonreímos cuando los vemos entrar a la cancha con nuestros colores, cuando llegamos a nuestro estadio, esa gran casa que algún sabio periodista de apellido Martínez bautizó como La Catedral.

Lloramos cuando te vemos mal, cuando sentimos que te usan y no te llevan con orgullo, que no te defienden como uno lo haría. Pero es allí el momento justo para que las gargantas exploten en un grito puro del alma y con ellas llegan las lágrimas de felicidad cuando te vemos ganar, cuando podemos festejar.

No puedo explicar con palabras lo que siento cuando veo a alguien con tu escudo, Lepra. Te juro que no puedo… Me nacen ganas de abrazar a esa persona y decirle: “¡Hermano mío!”. Ni hablar del abrazo de gol con el desconocido a nuestro lado, con el papá, con el hermano o el amigo. Ese abrazo sanador que cura todas las heridas del corazón.

El dolor de esperar por el próximo campeonato, el anhelar verte, el confiar en vos ciegamente. El hecho de contar los días, las horas, palpitar ese glorioso encuentro y dejar todo, exactamente todo para estar allí: en Arístides Villanueva y Boulogne Sur Mer, y así retomar el sagrado ritual de cada fin de semana.

Para los hinchas de Independiente Rivadavia, la vida sin pasión no es vida. Porque justamente, para nosotros, el Azul lo es todo. Respiramos Lepra, sentimos Lepra y morimos de Lepra. Pero siempre con la frente en alto. Porque es el estilo de vida que elegimos y (seguramente) lo elegiríamos mil veces más.

Ni el propio Houdini podría escaparse de esta pasión que se lleva en la sangre. La piel encrespada y el orgullo de sentir que llevamos la sangre de color azul nos hará sentir una vez más que, pase lo que pase, “esta campaña volveremos a estar contigo”. Como siempre y para siempre. Amén. 



Por Julieta Payeres


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