domingo, 18 de septiembre de 2016

Ojalá todos fuésemos Osorio


Ayer la Comisión Directiva del CSIR homenajeó al gran Don Juan Osorio, uno de los fundadores de la Ciudad Deportiva, quien es el socio más añejo del club. A sus 93 años, este ejemplo de hincha nos motivó a dedicarle unas líneas en la siguiente nota.



¿Cuántas tardes habrá vivido Don Juan en la Catedral? ¿Y cuántos años ha pasado dejando la vida por la institución que le llena el alma? Él siempre estuvo presente allí, tanto en las buenas como en las malas. Vio pasar a miles de jugadores y también a dirigentes, pero él nunca se alejó y  supo ser un gran dirigente de la institución.

Don Osorio no fue, es y será un simple hincha. Es aquel que dio y da todo por el club, y es por este motivo que ayer fue distinguido por la actual Comisión Directiva por su labor como dirigente y por ser el socio activo más antiguo de Independiente Rivadavia.

La vida del señor Juan está marcada por su labor hacia el club y no sólo lo avala casi toda una vida como socio, sino que además fue uno de los socios fundadores en la década del 70' de la Ciudad Deportiva, junto con el ex presidente Walter Bragagnini. Hecho que marcó un crecimiento institucional sin precedente para aquella época, y que hoy en día sigue siendo patrimonio del club. Sin dudas una herencia que podremos disfrutar por generaciones y generaciones.

Ayer, mirando al cielo, Don Osorio derramaba algunas lágrimas de emoción; esa misma que sentimos todos cuando alentamos a nuestra Lepra querida. Y es que quizás sus sentimientos, su vida y su pasión, son los mismos que el de cualquier pequeño o adolescente que vive sus primeros partidos en la Catedral.

Éste socio vitalicio no es sólo un ejemplo de hincha, sino que también es un ejemplo de pasión y fidelidad, que se ve reflejada cada vez que él (como desde hace años) le lleva flores a la Virgen de la Platea techada.

Su trayectoria junto al club quedará grabada en la Ciudad Deportiva, donde una cancha llevará su nombre para que quede en la memoria de todos por el amor que le entregó a la Lepra. Este caudillo de mil batallas sigue sintiendo la misma pasión que en su juventud, porque la llama de su sentimiento permanece intacta y así seguirá hasta la eternidad.





Por Matías Ghiotti
Foto: Nicolás Ríos



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