domingo, 4 de septiembre de 2016

Desde el tablón: Volvieron los rituales




Inauguramos una nueva sección en nuestro sitio: "Desde el tablón". En esta oportunidad, Agostina Arrieta y su visión de cómo se vivió el regreso de la Lepra al Bautista Gargantini. 

"Qué placer verte otra vez", fue la frase que se podía sentir en los corazones de todos los leprosos que, entre tantas idas y vueltas en AFA, sintieron muy lejano el volver al Gargantini. Pero ahí los esperaba otra vez la Catedral, luciendo hermosa, con tribunas recién pintadas y el verde césped más verde que nunca.

Los rituales volvían a comenzar. Desde temprano se podían ver en las calles del Gran Mendoza a esa gente ansiosa que ya vestía los colores de su amado Independiente Rivadavia. Algunos comprando el asado que más tarde compartirían con amigos, otros yendo al club a asociarse, o tal vez cumpliendo algunas horas de trabajo para estar liberados en el momento de la cita en calle Boulogne Sur Mer. 


Y así fue como, con el correr de las horas, la Arístides se fue llenando de leprosos. Los micros reventados de pasión iban llegando, los instrumentos sonando y las largas filas en todas las entradas a la cancha fueron dándole el toque mágico que prometía tener una noche totalmente azul, con un Gargantini haciéndose eco de miles de gargantas listas para alentar.

El recibimiento, el himno nacional coreado, el famoso "La banda leprosa ya llegó" y el pitazo del árbitro fueron la secuencia de un nuevo capítulo en la vida de la Lepra. En el campo de juego la historia contra All Boys estaba reñida, el error de algún equipo era la ventaja para su rival y viceversa. 
Lo contrario pasaba fuera de los limites de ese verde terreno, en donde se encontraban las cuatro tribunas del Gargantini y la imagen de los hinchas -una vez más- fue protagonista. 


Y es que la gente de Independiente no conoce de silencio y nunca logra pasar desapercibida. Se hace presente en cada falta del rival sobre uno de los suyos, cuando las situaciones de gol comienzan a llegar, y es más presente aún incluso cuando expulsan a un jugador leproso, porque dejan caer los aplausos para hacer saber que se retira de la cancha con el apoyo de todo el público presente. Tal como pasó con la roja a Yeimar Gómez Andrade. 


Ese es el hincha de la Lepra, y cuando el marcador ya mostraba el 1 a 1, sumado a que estaba por acabarse el tiempo, terminó de desatarse el carnaval: un show de bengalas, entre luces, estruendos y humos de colores, invadieron el Gargantini mientras la gente se sacaba la garganta cantando al ritmo de los instrumentos. Tanto fue lo generado que el árbitro (el más insultado de la noche por su mal labor) paró el partido y logró que los 22 jugadores contemplaran el espectáculo en los tablones.

Ese fue el momento en donde te olvidaste los números rojos del promedio, del próximo fin de semana y si el rival directo por la permanencia sumó de a tres. Fue éste el instante en el que no existió nada más que la fiesta que sólo puede armar esta gente, la hincha de Independiente Rivadavia. 


Por Agostina Arrieta
Fotos: Nicolás Ríos

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