miércoles, 25 de marzo de 2015

Crónica de una tarde inolvidable



El universo leproso vivió un martes histórico y emocionante en el Parque San Martín. Los hinchas fueron el plus que el equipo necesitó para dejar todo en el campo de juego. El clásico se ganó adentro y afuera de la cancha. Galería de fotos. 

Gimnasia llegó al clásico tras haber perdido 5 a 1 en Misiones, aunque fue con mayoría de suplentes porque Arias preservó a los jugadores más importantes para el derby. Por su parte, el Azul venía de ser goleado en Los Andes y había empatado (con dos hombres más) ante Boca Unidos en la fecha pasada.

¿Cuál fue la gran diferencia? La gente. Algo tan simple pero difícil de lograr en una institución: hinchas que jueguen su partido aparte de lo que hagan los jugadores en la cancha. Ayer, luego del segundo gol de Independiente, el público local permaneció en silencio hasta el final del juego. No empujó a su equipo y encima a los pocos minutos llegó el tercer gol azul.

Distinto fue lo vivido a un par de cuadras del Legrotaglie. Allí el hincha de Independiente terminó de jugar su partido, que había empezado el viernes pasado luego del pobre empate contra los correntinos. Ese día Los Caudillos del Parque desataron una fiesta para demostrarle al equipo de Garnero que el clásico debía jugarse a matar o morir.

A horas del derby, los hinchas azules se autoconvocaron en el Bautista Gargantini y alentaron sin parar hasta que la delegación partió al Víctor Legrotaglie. Todo un ritual que quedará en la memoria de miles de leprosos presentes. Fue allí cuando se pudo observar a los jugadores cantando en el micro y haciendo saber lo importante que resultaba esto para ellos.

Y en la cancha se vieron los pingos. Cada jugador de Independiente jugó cada pelota como si fuese la última de su vida y el resultado se inclinó para la Lepra. Tras el pitazo final, el plantel estalló de alegría y en el vestuario continuaron los festejos. ¿Lo llamativo? Desde los camarines se escucharon las mismas canciones que entona la hinchada leprosa en la Salvador Iúdica.

Después vendrían los festejos en la cancha y una algarabía como si la Lepra hubiese salido campeón. Hasta es difícil explicar tal especie de comunión entre los protagonistas y los hinchas. La tarde de ayer no será una más en la historia del club. El 24 de marzo de 2015 quedará en la memoria de todos como "El día en que los jugadores jugaron como hinchas". 


Por Juan Ignacio Villarroel

El antes y el después del clásico:


















Fotos: Nicolás Ríos
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