jueves, 24 de enero de 2013

Crónica de una Fiesta anunciada


Indpendiente cumplió un siglo de vida. Los fanáticos realizaron una caravan multitudinaria y festejaron el cumpleaños más importante en su templo, el Gargantini. Más de 10.000 personas y una fiesta inolvidable. 


La tarde de ayer, sin duda, será imborrable en la memoria de cada fiel azul que festejó ayer sus 100 años. El tal ansiado momento llegó y fue en ese instante cuando se desató la locura en el parque. Una Caravana multitudinaria cargando con la seda más larga de Cuyo le dieron el toque especial a la víspera del Siglo Azul.

Un 24 de enero de 1913 se firmaba el acta de fundación de uno de los clubes más representativos del interior del país. Un siglo después, la llama de esa pasión encendida a principios de siglo pasado perduró en el tiempo y anoche volvió a nutrirse de amor y pasión por los colores.

Ni los dichos del Ministro de seguridad, Carlos Aranda, ni los del actual Gobernador, Francisco Pérez, fueron impedimento para que la república leprosa se hiciera presente en el Predio de la Virgen. Desde temprano las familias fueron acercándose, los fieles comenzaban a tomar el predio para aguardar a la Bandera más grande de Cuyo.

Papelitos, bengalas de humo, bombas de estruendo, repiques, bombos y trompetas ambientaban la previa del añorado Centenario. Fue en ese instante en que comenzó a desplegarse la enorme insignia azul. Las almas del Gringo Memoli, Bautista Gargantini, Salvador Iúdica, Dante Garro, Maximiliano Muñoz, y demás ídolos e hinchas que nos abandonaron de la vida terrenal se habían hecho presente. Su esencia se notaba en el aire, ellos estuvieron ahí.

Y partió la Caravana. Las calles del microcentro mendocino se vieron colapsadas, miles de negocios habían cerrado, claro, temían por su seguridad, aunque no pasó nada. Más de 10.000 personas caminaron rumbo al centenario. Al llegar a Arístides y Boulogne, la Catedral, de a poco fueron copándose las gradas del mítico Gargantini.

A menos de una hora para el cumpleaños azul, Gustavo Maturano entonó el Candombe Leproso y la Marcha de Independiente, las lágrimas comenzaban a caer en los rostros de los presentes. También, un gran ídolo, Claudio Garcías, el Turco, se comunicó vía telefónica y por los altoparlantes se pudieron escuchar sus máximos deseos de felicidad.

Faltaba sólo un minuto, y la cuenta regresiva estalló. Tres, dos, uno, Arriba la Lepra... se escuchó. No era el festejo del ascenso, ni de un campeonato, ni nada por el estilo. Era el cumple del glorioso Independiente Rivadavia. Uno a uno los creyentes azules iban entrando al campo de juego para dar la vuelta en su día. El día del hincha leproso.

Todo era pasado, el maldito partido del centenario, la postura de los órganos de seguridad, étc. Los hinchas vivieron el presente. Los fuegos artificiales coronaron la noche. El parque fue el lugar indicado para culminar el largo día. Todas las generaciones se hicieron eco de tal festejo, abuelos, padres e hijos vivieron lo que es Independiente.

Ayer el club fue de los hinchas, la fiesta fue de ellos. El fanático leproso marcó la diferencia y lo hizo necesitando el él mismo. Gracias por tanto, Lepra. Esta es tú gente, tu mundo, tu vida. Hoy comenzó un nuevo ciclo de vida, esperemos culminarlo como el Caudillo se merece, en primera.
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