martes, 22 de enero de 2013

Cómo me voy a olvidar: Mi clásico más glorioso


Una historia única. Abel Valverde nos cuenta una historia única. Recuerda con exactitud aquel segundo descenso en menos de tres años de Gimnasia y encima involucra en la historia una anécdota por más memorable. Lectura más que recomendada.


"La verdad, que para vivir vivencias al lado de nuestro glorioso Independiente, tendría que escribir un libro. Cuántas personas, lugares y cosas he percibido gracias a mi querida Lepra. En la previa del esperado Siglo Azul es imposible no acordase del viejo clásico, esos muchachos de blanco y negro que tantas satisfacciones nos han dado en las últimas décadas y que, no nos mintamos, nos siguen dando.

A mi corta edad, gracias a Dios, me tocó estar presente en momentos de intensa adrenalina. Momentos en los cuales nosotros nos jugábamos la clasificación y ellos, claro está, llegaban con otras urgencias. Hablo de haberlos descendido dos veces en tres años y además, de haberles amargo interminables noches. Miles de imágenes recorren nuestras neuronas añorando los goles del Nico Aguirre, en el 4 a 3, inolvidable, o los goles de Aranda, el verdugo más recordado. 

Mi historia es la del típico adolescente que la quería poner. Así de corta. Lógico tenía 14 años y estaba en pleno auge hormonal. No me interesaba si era linda, fea, flaca, rellenita, simpática o histérica. Yo sólo buscaba eso, estaba desesperado. Paralelamente, en la provincia todos esperaban el clásico entre La Lepra y el Lobo. Justamente, de ganar el Azul, empate de Luján mediante, descendía al eterno rival nuevamente, como aquel 28 de marzo de 2004.

De la mano de Vivaldo, Pomba, Solís, Cipriani, Aranda y Cordone, entre otros, estábamos peleando el tal ansiado ascenso y aguardábamos al sábado para devolverlos al Argentino B, de donde todavía hoy no salen. En cambio, distinta era la realidad de Gimnasia, ellos tenía que ganar para seguir con vida en la categoría.

Mi obsesión por debutar había quedado en segundo plano, el glorioso sábado había llegado y al estadio partí. El cotillón de siempre no pudo faltar, una B gigante de cartón, banderas alusivas al momento de los de calle Lencinas y muchas velas pusieron u nuevo color a la tarde.

El partido prácticamente no lo vi, era otra cosa que había quedado de lado, lo único que quería era abrirle más la herida del primer descenso. Cómo explicarlo, meter el dedo un poco más en la llaga. En unas milésimas de segundo, el Pala Fernández, el distinto de ellos, sacó un remate que se metió al ángulo de Vivaldo. Gimnasia no descendía y se nos escapaba la presa de las manos, pero claro, faltaba mucho pero mucho tiempo...

Apareció él. El hombre que llegó para meterse a fuerza de goles en el corazón de cada leproso, el que forjó triunfos a causa de su ímpetu y su olfato goleador. El señor Adrián Aranda. El Bati, junto a Cipriani hicieron lío y nos dieron una alegría incomparable. En dos oportunidades, y a menos de 5 minutos para el final, Aranda se vistió de héroe y se consagró en los libros de historia de nuestro club. 

¡Qué fiesta, qué carnaval, qué locura! Ni que la hubiese puesto pensaba, pero lo mejor estaba por venir. Esa noche terminó como tenía que ser. Mis amigos sabían que yo estaba como trompada, por eso no tuvieron mejor idea que pasarme a buscar en un auto de la madre de uno de ellos y llevarme a dar una vueltita.

La vueltita terminó en la escuelita y bué, ya saben. No hace falta escribir más. Gracias Gimnasia, gracias mujer de la noche, gracias vida. Ese día, hasta el día de hoy, es mi mejor historia. Un polvazo histórico a Gimnasia, y mi primer polvazo. ¿Qué más podía pedir? Sólo Independiente hace vivir sensaciones así. No hay palabras para definir o explicar las emociones de dichas 24 horas. Por eso, hoy, a casi 24 horas de tu Centenario, Lepra, te agradezco por esto y por todos mis años de vida a tu lado. Por los 100 vividos y por muchos 100 más".
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