sábado, 17 de noviembre de 2012

Cómo me voy a olvidar: Solo entiende mi locura...


Sexto recuerdo de un partido ante el rival de turno, hoy Nueva Chicago. Cada semana subiremos un recuerdo de algún hincha acerca del partido que se le viene a la Lepra. Hoy recordamos una particular historia que le ocurrió a Facundo Díaz. Si querés mandarnos tu recuerdo, escribilo y mandalo a mundolepramza@gmail.com


Corría el mes de diciembre de 2007 y se acercaban las fiestas, la ciudad era un caos y los días eran cada vez más calurosos y pesados de sobrellevar. En casa, mi familia se preparaba para la operación de mamá, una operación no tan complicada, pero había que tener sumo cuidado.

Por el club las cosas no eran las mejores, habíamos ascendido y la adaptación nos pasaba factura, no recuerdo bien, pero teníamos menos de 20 puntos y antes de llegara fin de año.

Panorama complicado y que tenía una particularidad, teníamos un partido pendiente ante Nueva Chicago porque había sido suspendido. Un piedrazo voló desde la tribuna Este e impactó en el Médico de Chicago, suspensión y a otra cosa mariposa.

El partido se volvió a jugar en el mes de las Fiestas de fin de año. El día, el mismo en que operaban a mi vieja, que coincidencia. Desde las 6 .00. me encontraba en la Clínica Francesa, pero a Mamá la operaban a las 17.00. ¿ Cómo actuar? ¿Qué hacer? ¿Cómo poder estar a menos de 10 cuadras de la Catedral y no ver al Azul?

Tengo que decir que cometí la locura más grande de mi vida, luego de haberme casado. El partido era a las 20.00, mi vieja había sido operada con éxito, pero requería mi guardia, mi atención y cuidado. Ese viernes era especial, se notaba en el ambiente.

Yo, encargado de la mujer que me dio la vida, tenía que ver a la Lepra. Salì de la clínica  comencé a caminar en dirección al parque y llegué al templo. Lo bueno era que el partido duraba 45', dos tiempos de 20, porque quedaba un tiempo pendiente frente a los de Mataderos.

Mientras mamá dormía, yo alentaba como 10 leprosos. Los minutos pasaron volando. Cuando moría el partido, Caballero metió un centro y Gómez se elevó arriba del metro de altura y sacó un frentazo que nos hizo delirar de alegría. Hasta el día de hoy recuerdo el gol, que paz interior, que desahogo.

En ese entonces, Trotta era DT hacía dos días por la salida de Sialle, el año lo cerramos con un triunfo, qué más pedir.

Volví, caminando, claro estaba a pocas cuadras y entré a la clínica con el corazón detenido. Que menos si rezaba por el miedo de que mamá no estuviese bien. Cuando entré al cuarto, ella dormía como una beba, para mi alivio estaba bien, la besé y la cuidé toda la noche. 

Nunca olvidaré ese día, el 6 de diciembre de aquel año perdurará en mi memoria hasta el último de mis días. Perdón vieja. Vos me diste la vida, pero la Lepra las ganas de vivirla.

(Relato: Facundo Díaz)
(Foto: Los Andes)
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