lunes, 8 de octubre de 2012

Cómo me voy a olvidar: Ese infierno estuvo encantador



El recuerdo de un partido ante el rival de turno, hoy Central. Hoy recordamos la caída por 1 a 0 en el Gargantini cuando la Salvador Iúdica se convirtió en un verdadero infierno. Nuestro poeta de hoy: Nicolás Maddalozzo. Si querés mandarnos tu recuerdo del partido contra Deportivo Merlo que es el próximo, escribilo y mandalo a mundolepramza@gmail.com

Sin dudas que los partidos ante el Canalla son de esos que todos quieren ganar, es un rival temido pero no invencible, pero por la historia que posee merece respeto. El partido que recordaré es aquel encuentro en el cual perdimos por la mínima diferencia y que el Gargantini pasó a ser un infierno por la cantidad de bengalas de fuego que se prendieron. Además, en ese partido se inauguró la tribuna norte de nuestra querida Catedral.

La historia comenzó en mi departamento de residencia, Rivadavia, lugar en el que un tal Bautista Gargantini dio sus primeros pasos en la provincia. El Este provincial también es el territorio donde nació Jesús Méndez. El ex River tiene su casa a metros de la mía y la visita cada vez que viene a la provincia. 

Resulta que días antes del partido, se me dio por pasar por su vivienda y decirle al hermano, conocido mío, que le dijera a Jesús que fuese para atrás. Que no pusiera tanto y que no se juegue el partido de su vida. 

En la semana del partido, se inauguró la tribuna Norte de nuestra querida Catedral, justo en ese arco, durante el partido, Central tuvo un penal a su disposición. ¿Quién lo tuvo que patear? Méndez. Sí, Jesús, mi vecino. Desde la tribuna estaba nervioso, por la situación, pero por dentro sabía como podía llegar a terminar la jugada. Y así fue, el volante Canalla pateó a la derecha de Ayala y Josué, gigante, atajó el castigo.

Luego, en una contra para Central, Ayala salió muy mal y Toledo convirtió dejándonos más mal en los promedios por el descenso. Fue allí que el corazón de cada leproso comenzó a drenar más sangre a cada víscera, las gargantas de todos los hermanos azules presentes comenzó  a contraerse cada véz más. 

Desde la popular Sur y platea Este se comenzaron a ver destellos de fuego. El Indio, en su paso ricotero, rezó: " Cuando el fuego crezca, quiero estar allí".

Todos queríamos estar. Independiente nos necesitaba y bajo el aliento de todo el estadio, al grito de: "La lepra se lleva en la sangre, se lleva en el corazón". Cientos de bengalas de fuego se encendieron y ardieron con el clamor popular. La lepra es pueblo, es carnaval. 

Nunca olvidaremos tal ritual, tremenda fiesta, tal infierno. Ese día, puedo asegurar que mi gualicho a Méndez y ciertos fuegos, me encadenaron al eterno show azul y me hicieron sentir en un infierno encantador. 

(Por: Nicolás Maddalozzo)
(Foto: F. Martínez)


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